Ago 30

pulseras-decenario

Decir que España es un país de borregos es para algunos una realidad difícilmente refutable y para otros una afirmación injusta. Sea como sea, lo que está claro es que cuando hablamos de televisión, este argumento se hace peligrosamente cierto. Cosa que vemos en televisión, cosa que hay que comprar, imitar, hacer… Hay multitud de ejemplos, pero bastará con dos recientes y muy veraniegos.

El primero se refiere a los famosos anuncios de una marca de cerveza. El del año pasado, en Formentera ; el de este año, en Menorca. Los dos tenían en común una música divertida, veraniega y pegadiza, y paisajes y situaciones idílicas, incluyendo el sueño oficial de todo hombre de montárselo con dos mujeres. Pues bien, no sé si será casualidad o no, pero este año he acabado hartito de que amigos, familiares y conocidos, me dijeran que se iban a “pasar unos días” (imaginen el acento con patata en la boca) a una de estas dos televisivas islas. ¡Y ojo! No se dejen engañar por mi comentario sobre el acento pijo. Esta falta de personalidad no diferencia entre clases sociales y afecta a todos por igual, ya seas de La Moraleja o de un pueblo perdido en Soria. ¿Ibiza? ¡Nah! Eso es de paletos, nada que ver con Menorca o Formentera.

El segundo ejemplo, más grave si cabe, son las populares pulseras que ha puesto de moda Sara Carbonero. Las carboneras que denominan algunos. Al parecer son más difíciles de encontrar que la audiencia de Veo7. Y cuando las encuentras (me han confesado mis amigas fashion) cuestan más de cinco euros cada una. Pues bien, tengo dos malas noticias para sus compradores. Una, este verano he estado en México y allí costaban unos 25 céntimos. Dos, la pulsera es un rosario. Sí, sí, un rosario, de los de rezar, con sus cuentas y su cruz, lo siento por los cristianófobos.

Para el año que viene, yo también voy a intentar poner de moda algo, lo que sea… ¡ah no!, que yo no salgo con Casillas. Vaya.

* Columna publicada en La Gaceta el 28 de agosto de 2010

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